La ilusión de la mala suerte

Publicado el 11 de enero de 2026, 21:02

Pensamos que es mala suerte o que "viene de familia". Pero a menudo, no es así. Eso es lo que hemos llegado a creer: para evitar sentir el dolor. Porque imagínense... que no es mala suerte. Que se debe a lo que hacemos a diario. A lo que hemos llegado a considerar normal. Estamos rodeados de sustancias a diario. Sustancias que los científicos saben desde hace años que son cancerígenas. No lo suficiente como para notarlo de inmediato, pero sí lo suficiente como para deteriorarnos poco a poco. Y aun así, seguimos diciendo: "Está en los genes". Pero eso es solo una pequeña parte de la historia. Está en hábitos que ya no nos atrevemos a cuestionar. No heredamos enfermedades. Heredamos hábitos. Heredamos armarios de cocina. Heredamos patrones que nadie se atreve a romper.

 

 La verdad: es más simple —y más impactante— de lo que crees. Según investigaciones, solo entre el 5% y el 10% de todos los cánceres están directamente determinados genéticamente. El resto —entre el 90% y el 95%— lo creamos nosotros mismos. En casa. En el supermercado. En la mesa. Sin darnos cuenta. Sin embargo, invierten miles de millones en la investigación de "la mutación genética". En algo externo a nosotros. Si bien la verdadera mutación no está en nuestro ADN, sino en nuestra vida diaria. Vivimos como si la enfermedad fuera algo que nos sucede. Pero, por lo general, nuestro propio comportamiento es la causa. Célula a célula. Día a día. Lentamente. Inconscientemente. Por patrones que nunca se han roto. Por decisiones que ya no consideramos como tales. Por una vida que hemos llegado a considerar normal.

💣 Y ahora viene la dura verdad… Leíste los números. Viste las caras. Pero no se trata de ellos, se trata de ti. No se trata de mala suerte, ni de genes, ni de circunstancias. Se trata de decisiones. Tus decisiones. Todos los días. Las veces que te quedas quieto en lugar de moverte. Las veces que buscas papas fritas, vino o algo práctico en lugar de recuperarte. Las veces que normalizas el estrés en lugar de poner límites. Eso no es coincidencia. No es mala suerte. Es deterioro a cámara lenta: la culminación de micro decisiones que destrozan tu cuerpo antes de que te des cuenta.

No hacer nada no es "descansar". No hacer nada es desgastarse. No hacer nada es empujarte hacia una cama de hospital. No hacer nada es convertirse en una estadística más que te acaba de impactar. Pero aquí está la diferencia: ⚡ Hoy todavía estás a tiempo. Tienes el poder. Tienes la oportunidad. Puedes cambiar la ecuación. Puedes reescribir el guion. Tú eliges: ➤ seguir deteriorándote ➤ o retomar tu vida. 

 

 
 

 


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