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Construcción importante en la localidad fue la Casa de la
Encomienda de la Orden de Santiago, localizada entre huertas y otras
dependencias, a las afueras de la población, junto a una fuente de agua natural,
según reflejan crónicas antiguas.
El edificio fue erigido a finales del siglo XIV, a impulsos del maestre
santiaguista Lorenzo Suárez de Figueroa, experimentando posteriormente diversas
reconstrucciones. En 1770, esta Casa-Palacio, la erróneamente considerada romana
o templaria por ciertas corografías, había desaparecido ya por completo, no
perdurando de ella más que unos paredones en ruinas.
La realización más destacada de la localidad es la
Iglesia Parroquia de la
Purísima Concepción, construcción de gran mole con estructura de cajón,
edificada en mampostería de piedra sin revocar y sillares, cuya morfología evoca
directamente la del vecino núcleo de Zarza de Alange. La obra consta de un
cuerpo más primitivo, originario posiblemente del siglo XV, definido por
contrafuertes oblicuos, sobre el que posteriormente se fueron adicionando otras
actuaciones que claramente quedan de manifiesto en el macizo recrecido que
consolida los estribos, elevación de la nave y otros detalles. La planta es de
nave única dividida en dos tramos, con bóveda de cañón y lunetos. A los pies se
sitúa un coro apoyado sobre dos columnas de hierro. La cabecera ostenta ábside
poligonal con cubierta de sencilla crucería. Una torre, de la que solamente
destaca el campanario, se sitúa sobre ella, en lugar de a los pies como resulta
habitual en las iglesias de la región.
Al interior existe una única capilla, cuya comunicación con la nave por el lado
del Evangelio presenta columnas adosadas sobre podio, con frontón partido
encima. Al exterior, la portada occidental se resuelve mediante sencillo arco de
medio punto ejecutado en ladrillo en parte revocado. La de la Epístola es de
estructura semejante, contando con pilastras laterales y frontón. La del
Evangelio aparece cegada.
Ante la iglesia se sitúa el antiguo rollo, obra de sencilla factura y reducidas
proporciones, de modelo lejano al habitual. Consiste en un fuste de piedra con
un brazo horizontal atravesado sobre el extremo superior.
En lo alto del cerro del Morro perduran los restos de la antigua ermita del
Espíritu Santo, que se asegura fue la primitiva parroquia, y en cuyo entorno se
situó el cementerio local hasta tiempo no demasiado lejano. Se trata de una
construcción de mampostería sin enlucir, hoy en ruinas. Su planta es
rectangular, de nave única, con tres tramos y cabecera cuadrangular con cubierta
de crucería. Las portadas son de arco apuntado con alfiz, realizadas en
ladrillo.
La ermita de Santa
Bárbara, de pequeñas dimensiones, constituida por nave de un
solo tramo, aparece ya en el interior de la población, absorbida por el
crecimiento del caserío, adosándose a una vivienda. Su portada de granito
encalado es de arco rebajado, con pilastras laterales y frontón abierto en el
que luce una hornacina.
Al sur de la población, sobre el lugar antiguamente denominados Rollo, se erige
la ermita de la Candelaria, hoy muy maltrecho y utilizada como garaje.
Un pilar circular, con elemento bulboso y gran abrevadero anejo, todo fabricado
en granito, se localiza en las inmediaciones de la iglesia, paralelo a ella por
el costa
do de la Epístola.
De época más moderna es la elegante Casa Palacio de los Condes de la Oliva, que
se enclava a las afueras de la localidad sobre un atractivo paraje, cuya
arquitectura de reminiscencias medievalistas se asemeja a la no lejana de Las
Poyatas.