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ORÍGENES |
Tradiciones
antiguas de carácter legendario pretenden situar el origen del asentamiento en
un enclave fundado el año 1897 a C., bajo el topónimo de Obriga, por un mítico
rey de España llamado Brigo. Noticias de semejante naturaleza pretenden también
conectar el lugar con una Cesaróbriga reedificada por Octavio Augusto sobre las
ruinas del enclave mencionado anteriormente. Otros cronistas lo estiman, por
fin, reedificado en el siglo XII, por el rey emeritense Alhagio, con el nombre
de Ogiva, del que derivaría el posterior de Oliva. Es seguro, en todo caso, que
bajo la dominación de los árabes el núcleo ya existía como centro poblado.
En las inmediaciones de la población, sobre el lugar llamado el Palacio,
perdurarán restos de construcciones antiguas que unas crónicas estiman romanas y
otras correspondientes a una casa templaria; aunque no son una cosa ni otra. En
la crestería de la sierra del Espíritu Santo aparecen vestigios de lo que se
supone fue un castillo o
una fortificación musulmana para la defensa del lugar o
una atalaya de vigilancia. Nada de esto está documentado como perdura en la
tradición, datando las primeras noticias históricas acerca del núcleo de su
ocupación por Fernando III en 1234, con la colaboración de las Ordenes de
Santiago y Alcántara, en el transcurso de las operaciones para la toma de
Medellín.
El apelativo que denota la conexión de la localidad con
Mérida data de época relativamente reciente, pues todavía a fines del siglo
XVIII, el mismo alternaba aún con el de Oliva de Extremadura con que se
distinguía a esta población para diferenciarla de la Oliva de Jerez de los
Caballeros (hoy de la Frontera) y otras de España. En tiempos anteriores, el
nombre de la localidad fue, sencillamente, La Oliva o La Oliba.
Tras su ocupación por los cristianos, la aldea se integró, con título de
Encomienda, en la Orden de Santiago; pero no bajo la jurisdicción del partido de
Mérida, sino integrada en el de Hornachos, a cuya demarcación, junto con otros
14 núcleos de la comarca, fue adscrito este enclave en el siglo XV por los Reyes
Católicos. Suprimido el partido de Hornachos en 1640, la Oliva pasó a depender
del de Llerena. A finales del siglo XVIII, la población, ya con categoría de
villa, se ufanaba de no reconocer más señorío que el del Rey Nuestro Señor, como
Gran Maestre de la Orden de Santiago. En esta misma situación jurídica, aunque
últimamente denominándose ya Oliva de Mérida, se mantuvo la población hasta que,
con la reorganización administrativa de 1833, pasó a integrarse formalmente en
el partido de Mérida.
El yacimiento del "El Palomar' de Oliva de Mérida (Badajoz)
fue descubierto a principios del año 1.998 durante los trabajos realizados para
la construcción de la piscina municipal. Desde el momento de su descubrimiento
se han realizado diversos trabajos de investigación autorizados por la Dirección
General de Patrimonio Cultural de la Junta de Extremadura, con el fin de
documentar de la forma más completa posible un yacimiento hasta ahora
desconocido, y que se ha revelado como de gran interés. Los trabajos se
desarrollan en dos áreas, la correspondiente a la piscina y en el tramo de la BA-601
(Palomas -Oliva de Mérida) en que afecta al poblado.
En el estado actual de la investigación, apenas comenzada, no se pueden avanzar
más que datos preliminares que han de ser confirmados a través de los trabajos
que estamos realizando y que continuaremos en los próximos meses.
El yacimiento en cuestión es el único poblado localizado hasta el momento que
pertenece a los inicios de la Edad de¡ Hierro y que se extiende por una zona
llana y sin defensas, al contrario que otros contemporáneos como los de Medellín
o Alange, siempre en sitios elevados y circundados por una fuerte muralla. Estas
características y el relativamente buen estado de conservación de las
estructuras convierten a "El Palomar" en un lugar de excepcional interés para el
conocimiento de la Protohistoria extremeña y peninsular.
El poblado, que casi podríamos denominar pequeña ciudad, fue habitado al menos
entre los siglos VII y V a.C. En la zona investigada, a menos de 2.000 m2,
aparecen cierta cantidad de estructuras de habitación de paredes rectas, con
suelos de arcilla, superpuestas unas a otras en una secuencia que abarca al
menos cuatro fases constructivas, en las que se encuentra gran cantidad de
restos cerámicas, lo que nos ayuda a interpretar tanto sus formas de vida como
sus costumbres, Así, se han localizado hornos domésticos y hogares, en los que
se prepararían los alimentos, almacenes con grandes vasijas en las que se
guardarían productos de uso diario como grano, vino o aceite, y otras
habitaciones cuyo uso aún no hemos podido determinar,
Sabemos, por tanto, que estos antiguos pobladores vivían de la agricultura y de
la ganadería, ya que aparecen abundantes restos de fauna que, pendientes de un
detenido examen, nos hablan de consumo frecuente de carne de vaca, de cordero y
de cerdo, e incluso puede haber huesos de especies cazadas como el ciervo y el
jabalí. Mucho menor, aunque existía, era la labor de marisqueo, documentada por
la presencia de conchas de río, procedentes sin duda de alguna corriente de agua
cercana.
Desconocemos aún la fecha de formación del poblado, pero sí hemos podido
entrever cómo desapareció. Al contrario que otras ciudades antiguas, ésta no fue
destruida por incendios ni acto violento alguno, sino que fue abandonada de
forma pacífica, lo que hizo que los habitantes de la época se llevaran al
marcharse todo cuanto fuera valioso o útil en su nueva residencia, dejando sólo
aquello que, por estar roto o defectuoso, o por ser difícil de transportar, no
les fuera interesante transportar. Pese a esto, el yacimiento no se ha visto
libre de pequeños expolios que, si bien no han alterado de forma radical nuestro
conocimiento del poblamiento, sí han supuesto un grave perjuicio en la labor de
documentación que, con todo rigor, pretendemos realizar.